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GEC #10 Marisela Escobedo Ortiz

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Autora: Justine Cebe FM Mexico – GEC Co-Country Principal

La protagonista de hoy es una mujer que ha llevado sobre sus hombros una carga que pocas personas hubieran podido llevar. No estamos hablando de un político o una mujer de negocios y mucho menos de una escritora aclamada; esta es la historia de una madre, Marisela Escobedo Ortiz.

Antes de hablar de su trágico destino, recapitularemos los tristes hechos que golpearon a toda la familia Escobedo y en primer lugar, a la joven Rubí.

La familia Escobedo estaba formada por Marisela, su esposo y cinco hijos: Juan, Jessica, Alejandro, Pablo y la menor, Rubí. Eran una familia mexicana muy humilde; Marisela trabajaba por las noches como enfermera y su esposo también estaba muy ocupado, por lo que sus hijos e hijas ayudaban con las tareas del hogar. Todos vivían en Ciudad Juárez, la ciudad más poblada del estado mexicano de Chihuahua; La cual también ha sido nombrada la ciudad más peligrosa del mundo, en particular por sus problemas con los cárteles de la droga y con las mujeres desaparecidas. Ser mujer en esta ciudad parecía conllevar una sentencia de muerte.

Cuando Marisela abrió una carpintería y una tienda de muebles en Ciudad Juárez, un día apareció un hombre buscando trabajo. Parecía necesitar ayuda y Marisela accedió a dejarlo trabajar en su taller. Ella desconocía totalmente lo que pasaría en un futuro no muy lejano. Ese hombre era Sergio Barraza Bocanegra.

En ese momento, Rubí era una niña sana, inteligente y hermosa de 13 años. A pesar de su corta edad, Sergio (9 años mayor) se enamoró de su encanto y comenzaron una relación que Marisela objetó. La historia entre los dos resultó ser un amor enfermo: Sergio se llevó a Rubí a vivir con él y la hacía quedarse en el departamento todo el día, aislándola del resto de su familia. Aunque Marisela estaba extremadamente preocupada por el estado de su hija, también se resistía al temor de que Rubí la odiara si se interponía entre ella y el hombre que amaba. En ese momento, Marisela decidió no involucrarse.

Algún tiempo después, Rubí quedó embarazada pero cuando nació la niña, Sergio estaba desempleado y con preocupaciones económicas. Un día el hermano de Rubí, Juan, fue al departamento donde se hospedaba la pareja, pero ya no estaban. Toda la familia Escobedo se alarmó de inmediato, sobre todo cuando encontraron a la bebé con Sergio, quien aseguró que Rubí se había ido con otro hombre. Marisela pensó que esto no era posible; todos sabían que Rubí nunca abandonaría a su hija. Al día siguiente, descubrieron que Sergio también se había ido. Algo malo estaba pasando y empezaron a buscarla. A su madre le tomó un mes y medio poder presentar un informe policial, ya que la policía insistió en que se había ido. La familia estaba completamente sola en la búsqueda de Rubí, además ofrecieron una recompensa a quien tuviera alguna información sobre su desaparición.

De repente, un día, alguien llamó: este joven le pidió a Marisela que se conocieran en persona y le confesó lo que vio y escuchó. Estaba saliendo con unos amigos, Sergio apareció, se veía agitado y pidió que alguien lo ayudara a transportar algunos muebles. Su hermano, Andy Alonso Barraza Bocanegra y algún otro chico fueron a ayudarlo. Horas después, regresaron y tanto Andy como Sergio les dijeron a todos la verdad: Sergio Rafael mató a Rubí y luego quemó su cuerpo.

La familia de Rubí finalmente sabía la verdad, pero tenían que encontrar pruebas. Luego de una serie de vicisitudes que no han hecho más que demostrar la ineptitud de las autoridades mexicanas, Barraza confesó haber matado a Rubí en junio de 2009 y condujo a la policía a un lugar donde los cerdos son “criados” y posteriormente sacrificados (un lugar llamado marranera), donde los restos quemados de Rubí, quedaron en partes después de haberla desmembrado. En la inusual medida del estado para enjuiciar los feminicidios, Barraza fue juzgado en un tribunal de tres jueces, pero fue puesto en libertad por lo que los jueces consideraron una falta de pruebas. Como muchos, Marisela se sorprendió por la decisión y prometió apelar y continuar protestando por la injusticia. Hizo esto durante más de un año. Cuando Sergio Barraza fue liberado, el caso de Rubí y la lucha de Marisela para llevar ante la justicia al agresor de su hija eran ampliamente conocidos.

A menudo cubierta por la prensa local, sus caminatas por la justicia se hicieron familiares para los lectores de periódicos. Fue apoyada por varios activistas anti-femicidios y por el ímpetu de la presión social ganado a través de sus esfuerzos de movilización. En otra medida inusual, el estado sancionó a los jueces que desestimaron el caso y acordaron volver a intentarlo, pero los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley afirmaron que no pudieron encontrar a Barraza.

Marisela con su hijo Juan y algunos amigos lograron localizar a Barraza, viviendo con otra mujer en el estado de Zacatecas. Al compartir los resultados de su propia investigación, Marisela informó la ubicación de Barraza a las autoridades de Chihuahua y Zacatecas, quienes no hicieron NADA.

Implacable, Marisela continuó sus protestas en el palacio de gobierno de la ciudad de Chihuahua. Desde la perspectiva de Marisela, la inacción del gobernador señaló su complicidad (más tarde Juan dijo que Barraza recibió protección de “Los Zetas”, un cartel de la droga en el noreste de México conocido por “colaborar” por contrato con funcionarios estatales). Una semana antes de su asesinato, Marisela confrontó al gobernador frente a frente. De una manera agresiva y directa, ella le dijo frente a los demás:

“Deberías avergonzarte de que una mujer como yo, esté haciendo tu trabajo”.

El 16 de diciembre de 2010, fue asesinada frente al palacio de gobierno, su muerte fue capturada en una cinta de video del palacio para que todo el mundo la viera. En el video, los espectadores pueden ver que las calles, normalmente llenas de policías y guardias de seguridad, estaban completamente despejadas. Un asesino salió de la nada, sacó el arma, persiguió a Marisela por la calle y la mató a tiros.

En un sorprendente giro de los acontecimientos, en noviembre de 2012, según los informes, el entonces prófugo Sergio Barraza fue encontrado muerto en el estado de Zacatecas, donde Marisela siempre sostuvo que se escondía.

Frente a una historia como esta, ciertamente no hay nada que agregar. Este fue un crimen de Estado: Marisela y Rubí, como los sobrevivientes de su familia, no han recibido justicia y nada curará sus heridas.

El término “feminicidio” existe desde 1976 (utilizado por primera vez por la escritora y activista feminista Diana Russell). Ya han pasado 45 años desde entonces pero, lamentablemente, todavía escuchamos esta palabra con demasiada frecuencia.

Todo esto deja claro cuán fundamentales son los movimientos feministas (más o menos recientes) que han surgido en todo el mundo. Su actividad es incansable, especialmente en México donde la situación aún es muy compleja. Sin embargo, estos movimientos no dejan de hacer oír su voz, como prueba de ello son las protestas que resultaron en un amargo enfrentamiento que se produjo con motivo del Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo frente al Palacio Nacional. En las manifestaciones participaron varios miles de mujeres en diferentes puntos de la Ciudad de México. Según las fuerzas de seguridad mexicanas, al menos 81 personas resultaron heridas en los enfrentamientos, entre policías y manifestantes. Es legítimo hacer preguntas: ¿cuánto tiempo tendrán los miembros de los movimientos feministas para sacrificar sus vidas en nombre de los derechos humanos fundamentales? ¿Cuántas otras Marisela Escobedo Ortiz habrá?